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Estuvo Encadenado Por 40 Años, Un Día Un Millonario La Vio Y La Compró. Nunca Imaginó Lo Que Le Esperaba…

Los abusos contra los animales no son algo nuevo para nosotros. Aunque la gente trata de crear conciencia día a día sobre el daño que se hace a la naturaleza al sacarlos de su hábitat natural, aún hay personas que con tal de obtener dinero, son capaces de sacrificar a cualquier criatura.

Sook-Jai es el nombre de una elefante que sufrió un cruel destino, pues desde pequeña cayó en manos de unos traficantes que buscaron aprovecharse de su naturaleza noble.

Fue alejada de su familia, de su lugar de origen, y horriblemente arrastrada hacia las calles de Tailandia, donde fue adiestrada y entrenada para obedecer con tal de no ser golpeada por sus sanguinarios dueños. Pero lo peor de todo era que los turistas se detenían a ver el cruel espectáculo, porque Sook-Jai era maltratada frente a todos si algo salía mal.

Pasaron muchísimos años, y la hembra, ya de 73 años, cada vez estaba más cansada para aguantar el ritmo de trabajo al que era sometida, pero no podía parar pues los castigos eran brutales: desde no recibir alimento hasta golpes con látigo y aislamiento.

Así era la vida de esta elefante, quien debía transportar a los turistas a pesar del cansancio y el calor del verano. Era ya un poco vieja para la labor y sus dueños pensaban en deshacerse de ella pronto. Pero por fortuna algunas personas se dieron cuenta del infierno en que vivía Sook-Jai y dieron con una fundación que se dedica exclusivamente a rescatar animales indefensos, como la elefante.

El nombre de la fundación es Save Elephant Foundation (Fundación Salva Elefantes), y se encarga de proteger a estos gigantes nobles en el continente asiático. Cuando los rescatistas se enteraron del lugar donde mantenían a la elefante, acudieron de inmediato y la llevaron en uno de sus camiones directo a la libertad.

Pero liberarla no fue tan sencillo, pues la pobre estaba muy asustada; era muy vieja y tenía claras señales de maltrato, se veía enferma y deshidratada, estaba ciega por completo, además de parcialmente sorda.

“Ver el estado en el que mantenían a Sook-Jai era indignante; cuando la subimos al camión comenzó a llorar. Como si fuéramos a hacerle daño. Me dio mucho coraje… ¿Cómo pueden tratar a un animal como si fuera un objeto?”, mencionó uno de los rescatistas.

El equipo se dirigía a un hermoso santuario para elefantes que, como ella, habían sufrido maltrato a lo largo de su vida. Pero el camino no fue fácil, ya que el sol era fuerte; paraban para darle comida y agua y para bañarla. En la noche la cubrían del frío y siempre había alguien cuidando de ella.

La libertad estaba cerca, y Sook-Jai se daba cuenta de que estos humanos no le harían daño. Así que al llegar al refugio su reacción conmovió a todos. Ella sabía que después de años de maltrato llegaba a un lugar donde viviría en paz.

Sus ojos se llenaron de lágrimas cuando el camión se acercaba a su nuevo hogar, donde con el tiempo se adaptó a su nuevo estilo de vida, libre de ataduras, de senderos peligrosos y del calor insoportable. Aunque el daño que recibió durante mucho tiempo le impide ver las maravillas a su alrededor, sabe que está en un lugar mejor.

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