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Lo que un futbolista de la selección de mexico hizo por este niño te hará recuperar la fe en la humanidad…

Mi hijo se quedó dormido cuando yo estaba trabajando¨, expresó Zulfiya, de 35 años. Después de un matrimonio de 10 años y 4 hijos el divorcio nunca pasó por su mente, pero su marido, Daichi, no opinaba lo mismo. Cada vez que llegaba del trabajo tenía un pretexto para hacerla sentir mal; golpes y reclamos eran cosa de rutina, pero siempre había un nuevo día, una oportunidad para hacer las cosas mejor, hasta que…
Pasaron dos semanas y Daichi no había ido a dormir a la casa.

Zulfiya estaba preocupada; en la alacena sólo quedaba un poco de arroz y agua, y en aquella habitación había cuatro niños menores de 10 años a los que debía alimentar. El pequeño de dos años, Ishaq, hacía mucho que no probaba la leche.

Daichi llevaba más de 6 meses en amorío con una compañera del trabajo, por eso el dinero no le alcanzaba. Era la razón por la que rechazaba a su esposa todas las noches y muchas veces los dejó sin comida para consentir a la amante.

Cuando su esposo regreso solo fue para buscar sus pertenencias, se marcho sin dejar nada para el sustento de la familia, aquella noche Zulfiya lloró sin parar, tenía miedo de no poder sacar a sus hijos adelante, en ¿dónde iban a vivir? El pago de la renta era en pocos días y su cartera estaba vacía, llevaba más de 10 años sin trabajar, a duras penas concluyó la primaria.

A la mañana siguiente fue a un mercado en Kara-Suu, después de unas horas ¡por fin! encontró empleo. La paga era mínima pero alcanzaría para que sus hijos no murieran de hambre. Zulfiya sabía que esa noche no tendrían un lugar a dónde llegar, y aun así se mantuvo fuerte. Sus pequeños la esperaban en la banqueta, pero Ishaq no entendía de razones, él sólo quería tomar su siesta, así que su madre colocó un pedazo de cartón en el suelo y lo acomodó para que durmiera.

Ver a un pequeño de dos años en esas condiciones le robó el corazón a la población, y en un par de semanas su imagen dio la vuelta al mundo. Los rumores no se hicieron esperar y los comentarios atacando a la madre eran miles, hasta que supieron la verdad.

La historia se hizo tan viral que llegó a oídos de un futbolista mexicano de nombre Felipe Manzanares, quien de inmediato viajó a Kirguistán y puso manos a la obra para dotar a la familia de comida, ropa, calzado y principalmente, un lugar donde vivir. Hoy, después de casi 3 años la vida les sonríe y el futbolista continua enviándole donativos a la familia para que los pequeños puedan continuar con sus estudios.

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